Amigo, no te dejes engañar, no hay paz externa definitiva en esta vida, sólo la interior puede darte lo que anhelas pues lo que nos hace la guerra son nuestro egoísmo y nuestras miserias. La vida de la gracia -la unción y el bálsamo del Espíritu de Jesus- que se renueva en el sacramento de la reconciliación y la eucaristía es la única capaz de sosegar nuestra vida. Acude allí y a los brazos de María, tu Madre, y déjate ayudar por los hermanos de tu comunidad, allí encontrarás tu hogar y podrás decir "qué delicia y qué descanso vivir los hermanos unidos, es como la esencia de un perfume que derramado en la cabeza va llenando de fragancia el cuerpo entero", hasta la última esquina de vida. Pero recuerda que esta paz hay que conquistarla con mucha lucha. Recuerda al Resucitado... "¡Animo! en la vida tendréis luchas pero no tengáis miedo yo he vencido al mundo".
martes, 20 de mayo de 2014
PAZ
Querido amigo, la paz del mundo, la paz mundana, es una paz que se te promete como fruto de la ausencia de problemas, de una vida vivida a tu aire, sin complicaciones -en el fondo sin personas que te compliquen la vida- y por ello poco a poco te va aislando y termina dejándote solo en tu mediocridad. Curiosamente el jaleo de los hijos, los sobrinos o simplemente aquellos que Dios te ha encomendado para que camines con ellos, es la condición para que tengas verdaderamente paz. Porque La Paz verdadera surge al salir de ti mismo y consiste en sentir que tu vida tiene sentido. Aislados estamos tranquilos porque hacemos lo que nos viene en gana pero qué tristeza esas tardes de tu adolescencia perdidas en la pereza y la inutilidad ¿te acuerdas? La Paz surge cuando tranquilamente hacemos lo que Dios quiere para nosotros, sin ansiedades ni pretensiones, con la libertad de los hijos de Dios, ciertos de ser amados y sin necesidad de comprar el afecto de nadie, sin la necesidad de dar la talla porque nos sabemos infinitamente valiosos. Esta mansedumbre y humildad es la que Jesús nos invita a imitar de El para alcanzar descanso y paz cuando los agobios y las tensiones de la vida nos agotan. Es la que El mismo vivía siempre en los brazos del Padre.
lunes, 28 de abril de 2014
LITURGIA
Querida hija, querido hijo y hermano
Cómo se ríe contigo tu Padre
del cielo cuando vas a tu misa del domingo o entresemana con tus niños armando
guerra, reventada del trabajo del día o la semana o con la mente puesta en esos
apurillos que estás pasando. Te entristece pensar que no has vivido bien la
santa misa. Que con todo ese jaleo has salido casi como has entrado, e incluso
se desliza veladamente una tentación: que esas cosas, que tu vida como es, es
un obstáculo en tu relación con el Señor, que de más joven le sentías mejor en
esas misas ya idealizadas en tu recuerdo. Pero tu Padre del cielo no te mira
así. Todo lo contrario. Te ve gastado por la entrega, pendiente de esos
pequeños que dependen del todo de ti o en tu trabajo o en tus estudios, ve tu
mente y tu corazón empleados en hacer fructificar los talentos que El te dio, y
no puede sino recoger esa “sangre, sudor y lágrimas” como algo precioso que
guarda cuidadosamente en su vasija de oro. Es verdad que a veces respiras de
nuevo en un retiro, en una oración un poco más larga delante del Sagrario… sí,
pero no te confundas, lo que verdaderamente llena de gloria el trono del cielo,
lo que sube como un incienso perfumado no son tus sentimientos de fervor, es tu
vida entregada, eres tú, tu corazón que aunque a regañadientes un día más se ha
dejado partir y repartir como el pan de la eucaristía. Y el Señor ve. Ve más
profundamente que tú mismo. Y recibe la ofrenda que le haces al decir en el
ofertorio: “El Señor reciba de tus manos este sacrificio (el de Jesús en
la cruz y el tuyo unido al suyo, ambos sacrificios de amor) para alabanza y
gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia”. Sí,
tu vida así ofrecida, aunque no sientas nada especial, llena de gloria el cielo
y es una poderosa intercesión “para nuestro bien” el de tus niños, el de
los tuyos, el de tu propio futuro y también tu pasado y aún más de lo que te
imaginas, pues tu entrega cotidiana llega al mundo entero “a toda su santa
Iglesia” y sostiene misioneros y mártires que en el mundo entero luchan en
su entrega cotidiana como tú. Por eso el Señor repite cada día, cada semana,
cada año, esos mismos ritos y no se cansa. Porque esa reiteración casi
rutinaria, cotidiana, es su manera de compartir tu vida cotidiana, casi
rutinaria, e introducir en ella, cada día y en el silencio, una novedad que a veces
sólo El conoce pues te falta la perspectiva del artista que te permitiría ver
como va siendo tejida la bellísima obra de tu vida con hilos de amor y de
dolor, que parecen idénticos y que sin embargo unidos uno tras otro forman un
tapiz único y maravilloso.
domingo, 20 de abril de 2014
CONTIGO
Querido hijo.
Querida hija. Hoy te habla directamente el Resucitado y te dice: “Soy YO, no
temas. Soy el que estaba muerto y ya ves, ahora vivo y reino junto a mi Padre,
intercediendo por ti, preparando tu sitio, aquí, junto a nosotros, alentando tu
historia, la aventura de tu vida hasta que llegues al lugar preparado para ti
desde la fundación del mundo. Antes del big bang pensé en ti. Tu vida, es
verdad, tiene un poco de paraíso y otro mucho de desierto. Pero escucha, he
tomado tus cargas para que no las lleves solo, para que comprendas que el mal
–tampoco el que tú realizas- es el protagonista de tu vida, el que tiene la
última palabra. Ni tu pecado, ni tus limitaciones, ni tu miseria sino mi Amor
que sostiene tu pequeño y frágil amor. Mira, éste es mi plan
contigo: hacer de ti -mi hermanito, mi hermanita- un hijo como yo que llene de
gloria el hogar del cielo, y nuestro Espíritu, quiere trabajar en ti esta obra
artesanal, esta joya de humildad, de ternura y compasión, de mansedumbre y
dulzura, de valentía y fortaleza, de alegría y fiesta ¿nos dejas, nos permites
hacerla? Mira lo que haré contigo: pediré a nuestro Amigo, el Espíritu, que
haga en ti lo mismo que hizo en Mi ¿qué te parece? Lo mismo mismo. Queremos que
tengas tu Nazaret, tu desierto, tu ilusionante Galilea, tu dura Judea, tu
persecución y sufrimiento, tus calumnias y tu soledad, tu pasión y muerte y
permanecer muerto, en silencio, bajo tierra… y por supuesto tu resurrección, tu
dar mucho fruto y no sólo cuando estés aquí, aunque aquí será lo definitivo.
Todo tu trabajo, tu entrega, tus noches sin dormir por los niños, tu lucha por
perdonar y amar y todo lo demás ya está fructificando en lo secreto con el
primer y mejor fruto: te vamos haciendo como Yo. ¿Me dejas que en serio, total y
de verdad viva en ti y tú en Mi, en Nosotros? Todo lo hago nuevo. Y mi Cruz gloriosa la comparto contigo para que
en ella te glorifique mi Padre con mi misma Gloria. Amiga, amigo, hermano,
hermano. Animo, Yo estoy vivo y contigo,
voy por delante, todo está en mis manos, el futuro es nuestro".
jueves, 27 de marzo de 2014
PRIMEREAR
Qué
preciosa es tu vida. Es un reclamo continuo a salir de ti y dar la vida. Qué
triste sería vivir sin entregarnos, sólo para nosotros mismos ¿verdad? Cada
mañana parece que nos arrancan la vida, nos exigen que abandonemos ese cómodo
sepulcro y nos lancemos a la entrega diaria. Cristo va en la delantera, te
precede y como dice el papa Francisco “primerea” y te enseña a “primerear”, es
decir a tomar la iniciativa, a no andar a remolque de las circunstancias sino
vivir como protagonista de tu vida, a entregarte aunque cueste, a vencer
haciendo justamente lo contrario de lo que te pide tu pereza o tu melancolía
egoísta. El miedo sólo se vence lanzándose hacia delante. Como decía la maestra
de espíritus generosos, santa Teresa de Ávila:
“Y como capitán fuerte quiso nuestro Dios morir,
comencémosle a seguir, pues que le dimos la muerte. ¡Oh, qué venturosa suerte
se le siguió desta guerra! Ya no durmáis, ya no durmáis, pues Dios falta de la
tierra.
Con grande contentamiento se ofrece a morir en cruz, por
darnos a todos luz con su grande sufrimiento. ¡Oh glorioso vencimiento! ¡Oh
dichosa aquesta guerra! Ya no durmáis, ya no durmáis, pues Dios falta de la
tierra.
No haya ningún cobarde, aventuremos la vida, que no hay
quien mejor la guarde que el que la da por perdida. Pues Jesús es nuestra guía,
y el premio de aquesta guerra; ya no durmáis, ya no durmáis, porque no hay paz
en la tierra.
Ofrezcámonos de veras a morir por Cristo todas. Y en las
celestiales bodas estaremos placenteras; sigamos estas banderas, pues Cristo va
en delantera, no hay que temer, no durmáis, porque no hay paz en la tierra”.
Con las personas
que cada día el Señor te regale ¡primerea! Es decir, acércate, ofrécete, ama
más allá de su indiferencia, bromea donde hay mal rollo, entrégate pues Cristo va en delantera … sigamos estas
banderas… aventuremos la vida, que no hay quien mejor la guarde que el que la
da por perdida.
Ánimo. Un
ejército de pequeñas almas luchamos junto a ti –y tú junto a nosotros- y el Espíritu Santo nos alienta; la
victoria ya ha comenzado…
viernes, 14 de marzo de 2014
SANGRE
Querido
amigo. No te escandalices de ti mismo. No eres sino barro y sangre, pasión
inútil, nube pasajera que descarga su
lluvia con rabia sobre el mar inmenso e impasible, que, ignorante a tus
desahogos sigue su plácida vida (hasta que él mismo se rebela y arrasa). Y sin
embargo algo irreductible late dentro de ti. La carne y la sangre arden
violentamente exigiendo algo que no pueden conseguir. Un corazón ilimitado
habita dentro de una vida limitada. Algo te lanza más allá. Duele. Sabes que
hay algo que se te escapa, que un secreto se te oculta, que hay más -mucho
más-. Pero esta breve sabiduría es ácida porque no resuelve el enigma sino que lo acentúa.
De nuestra carne y sangre participó el Hijo de Dios. Tu misma agonía sufrió Dios. El
abrazó todo lo humano, hasta la última esquina del laberinto de tus entrañas.
El Hijo eterno de Dios asumió finalmente el liderazgo de la caravana humana,
esa terrible hilera de seres-para-la-muerte. El mismo se ha puesto como dique
de la aguas de la historia llenas de violencia y ha revertido –de modo
totalmente imprevisto- el sentido del río. Una nueva corriente cruza la
historia por entremedias de las aguas pútridas de cada corazón humano. Un
pequeño banco de peces remontan el río contracorriente
hacia su oculto manantial liderados por el gran Pez, impulsados por una
misteriosa llamada de la naturaleza que desafía toda racionalidad meramente
calculadora. Tu historia y la mía, amigo, están ya abrazadas en toda su miseria
por el Amor de un Dios apasionado que ha decidido implicarse hasta el fondo en
nuestro destino.
Más allá de la
apariencia –te lo aseguro- el poder de su
atracción es imparable.
sábado, 8 de marzo de 2014
TERNURA
¿Cuál es el
secreto de Jesús, del papa Francisco, de tantos santos, algunos de los cuales
tú y yo hemos conocido bien cerca de nosotros, en nuestras propias familias y
parroquias? Yo lo sé. Es el poder de la
ternura. Pero ese sonreír siempre, siempre acoger, siempre escuchar, decir
siempre la palabra alentadora no es una estrategia sino fruto de algo previo. De lo que está lleno el corazón habla la
boca. Benedicto dice de Juan Pablo II que su alegría en medio de las
múltiples tormentas procedía de su profunda unión con Dios durante todo el día.
Lo mismo le pasa al papa Francisco. El dice que cuando le viene la impaciencia
o un pensamiento malo sobre alguien le ayuda mucho coger una cruz que lleva en
el bolsillo, agarrarla simplemente, y decir Jesús
confío en Ti . Esa unión con Dios Padre –que se llama piedad y es uno de los siete dones del Espíritu Santo- no la puedes
conquistar sino sólo pedir y trabajar. Cuánto la deseo para ti y para mí.
Moisés asustado por su misión de liberar al pueblo de Egipto pide una señal y
el Buen Dios le da sencillamente ésta: Yo
estoy contigo. El indio Juan Diego cuando la Virgen de Guadalupe le envía a los sacerdotes para que construyan allí una basílica en su
nombre se llena de miedo y ella responde llena de ternura: ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?¿No estás bajo mi sombra y resguardo?¿No
soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de
mis brazos? ¿Qué mas puedes querer? ¿Qué más deseamos, qué más pruebas
vamos a exigir? Sólo necesitamos el don de experimentar su Presencia bondadosa
y tierna con nosotros en todo momento. Ser sintonizados con el Corazón de
Cristo y que El nos cuente lo que El siente, piensa, teme y desea de esas
personas y situaciones. Y si El, el Maestro, sufrió la oposición e incluso la persecución
por hacer el bien ¿seríamos nosotros discípulos si el bien que pretendemos
hacer no sufriese violencia? Su método ha sido y es abrazar más fuerte la carne
herida, resentida, de sus hermanos. Vence
quien abraza más fuerte. La ternura es una inversión arriesgada que nos
hace vulnerables pero en nuestra debilidad se manifiesta su Victoria. Ya lo
hemos visto con nuestros propios ojos tantas veces. Al final mi Inmaculado Corazón
vencerá promete María. Confiemos en el poder de la Ternura, la única capaz de
cambiar el corazón del mundo -de cada hombre- necesitado, en el fondo, más allá de sus durezas, sencillamente de amor.
domingo, 23 de febrero de 2014
PERDON
Al final de mi vida me quedo con una sola cosa: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón". Con estas palabras termina la aventura de su joven vida aquella maestra de almas, Santa Teresa del Niño Jesús. La aspiración de su vida era aprender la humildad de Cristo. Su ser Niño en brazos de su Padre. El saberse tan amado que no tenía nada que defender, tan libre que podía entregarlo todo. Sólo un hombre verdaderamente libre es capaz de perdonar, de mirar al que te está haciendo daño y pedir por él. Padre perdónales porque no saben lo que hacen. Jesús es capaz de percibir en su alma el cáncer que les corroe, el odio. La humildad de Cristo no consiste en dejarse pisar sin más, en ser tontos. todo lo contrario. El que se sale a tiempo de la espiral de la violencia no es precisamente un iluso sino un sabio. Esto es lo que deseo para ti y para mi. Amad a quienes os hacen el mal es decir hacedles el bien y orad por ellos. Lo sé, no eres capaz. Yo tampoco. Y cuando lo intentas los sentimientos no te dejan "amar". Y es que la humildad de Cristo es una obra del Espíritu Santo en ti. Sólo si El lo hace tú podrás. Pero Él quiere hacerlo; empuja desde dentro de ti para hacerlo; sólo necesita tu permiso, que te fíes, que se lo pidas. No cambiará tu forma de sentir pero sí de actuar. El amor no es un sentimiento es una decisión de hacer el bien. No tengas miedo a sufrir. No pierde la vida quien sufre sino quien no ama. El fruto del Espíritu es el amor y el del amor la Paz. Una paz que el mundo no te puede dar, una paz en la inquietud pero que es auténtica. Y encontraréis vuestro descanso termina el Maestro su enseñanza. El tsunami de odio, violencia, rencor, venganza,... han encontrado un dique: la Cruz de Cristo, y en la tierra fértil que queda a sus pies se puede construir de nuevo la vida...una ciudad donde los hombres puedan habitar en paz. Las obras ya han comenzado...
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