martes, 9 de diciembre de 2014

¡Abrir las puertas a la alegría!



Parece evidente, no hace falta ser exhortados a esto y sin embargo… no lo es. ¿Por qué nos aferramos a esas melancolías? Porque en ellas somos los protagonistas y sin embargo en la consolación el protagonista es el Espíritu Santo.

Dejarme querer con la inconsciencia de un niño, gratuitamente, abandonado en Su Amor. Alegrarme, vivir alegre por lo que El ha hecho, hace y va a hacer contando con mi ser desastroso… dar gracias por adelantado, alabarle.

¡FE! Nos falta tanta fe… Recuperar la alegría de la fe, la alegría de vivir de fe, vivir de la fe, sobrenaturalmente, un poco “a-normal”. No apaguéis el espíritu, no despreciéis –descuidéis- la profecía. Vivir todo preguntándote, orando, invocando al Espíritu, la protección de la Madre, en el nombre de Jesús y por su Sangre, alabando y dando gracias por adelantado, intercediendo. Desde la fe. Después de haber vivido tantas cosas ¿cómo no vivo totalmente de la fe en Ti, Señor?

Vivir de los consuelos de Dios, de sus consolaciones, de la acción del Consolador, en todo momento. Pedirlo, esperarlo, vivirlo, agradecerlo, fructificarlo.


Madre, fórjanos como tú: receptiva pero no pasiva, para que actúe en nosotros el Dios de las sorpresas, El que está en medio de nosotros pero todavía no conocemos realmente, no valoramos el poder y la fuerza real de su acción, todavía no conocemos realmente su alegría… Abrámonos a ella, el Señor está cerca, llamando ¿le cerraremos por miedo a una alegría no controlable?

martes, 25 de noviembre de 2014

DIEZ CONSEJOS PARA UN CURA O UN APOSTOL(A) JOVEN



Me atrevo a transcribir estos consejos de Tony Morgan por su interés y porque a mí me han ayudado y me he sentido identificado en algunos aspectos. Que os aprovechen, vienen de un apóstol con mucha experiencia pastoral.

1.- A veces te sentirás abrumado. ¿Conoces ese sentimiento, no? Al igual que no se puede hacer de todo, a veces no estás seguro de por dónde empezar. Esos sentimientos a veces no te dejan ser libre como líder. Habrá temporadas donde estos sentimientos son más fuertes que otras, pero si estás haciendo cualquier cosa de valor es normal que de vez en cuando te sientas abrumado. Estos sentimientos son parte de la vida. Algo que nunca terminarás de superar.

2.- No siempre sabrás qué hacer. Nunca llegas a un punto en la vida en que has aprendido todo. Eres mejor en algunas cosas que en otras. La sabiduría y la experiencia tienen sus beneficios, obviamente pero, independientemente de tu edad - si estás haciendo algo productivo -  aprenderás algo todos los días.

3.- Rara vez vas a estar 100% seguro. Siempre tendrás un elemento de riesgo en tu vida. Siempre te verás obligado a seguir adelante por la fe. Eso es una buena cosa. Así permaneces con los pies en la tierra pero los ojos vueltos hacia Dios.

4.- A veces aprendemos sólo por la experiencia. Y eso es estupendo. Si pones todo tu esfuerzo en algo y no funciona - o no es tan bueno como pensabas que sería - es fácil sentirse frustrado. Pero, el proceso te enseñará algo. El valor de la experiencia de aprendizaje es enorme.

5.- Muchas veces te sentirás subestimado. Habrá un montón de cosas que nadie se dará cuenta de que las has hecho. Las grandes cosas. Parecerá a veces que nadie se ha dado cuenta o que a nadie le importa. Y eso puede no ser cierto. Puede que simplemente estás viviendo una vida plena y otros simplemente están a lo suyo. Como todos los líderes apostólicos encontrarás tu recompensa en el conocimiento y la satisfacción personal deL trabajo bien hecho más que en el reconocimiento público de ese trabajo.

6.- La gente te está viendo.. Qué haces. Qué dices. Aún más lo que  publicas en los medios sociales. Algunos estarán de acuerdo. Algunos no.
Algunos estarán de acuerdo sólo para mostrarte su lado bueno. Decepciónalos y se irán. Dicho todo esto, no te avergüences ante la gente. Esa nunca es la respuesta correcta. Tan sólo tenles en cuenta. Sé suave como una paloma y sabio como una serpiente.

7.- Aprende pronto las palabras de un liderazgo apostólico exitoso. En la línea de lo dicho anteriormente las palabras de un líder tienen un gran peso. No digas "mi" equipo o tu liderazgo no será muy exitoso. El lenguaje de un líder siempre debe ser más inclusivo que exclusivo. Hazte fan de palabras como "nosotros", "nos" y "nuestro". Cuanto más se incluyen a las personas más van a sentirse incluidas y será más probable que sufran contigo y contigo vivan la victoria.

8.- A veces, si creemos en algo lo suficientemente fuerte tenemos que asumir el riesgo de estar solos. Esa es una dura realidad en un mundo que trata de forzar a la igualdad. Pero si eres firme a veces solamente tendrás que estar solo hasta que otros se pongan al día o hasta que comprendan tu idea. Eso no quiere decir que no debas escuchar a quien te aconseje. Deberías. Debes tener mentores y estar abierto a la crítica constructiva. Nunca tomes decisiones importantes sin la aportación de los demás. Pero, no renuncies a lo que sabes que es correcto - especialmente aquellas cosas que sientes que Dios te está llamando a hacer – sólo porque no sea popular.

9.- Las grandes cosas se inician con humildes comienzos. No tengas miedo de empezar desde abajo y trabajar camino hacia la cima. El premio mayor se siente cuando se construyó de la manera difícil. Nunca subestimes el poder de un momento.

10.- Tienes que disciplinarte para descomprimir. Durante la temporada alta de la vida, cuando hay mucho trabajo por hacer, el tiempo es esencial y por tanto tienes que disciplinarte. Para descansar. Para re-calibrar. Para reorientar. Para volver a descubrir la pasión que una vez te alimentó. Para volver a conectar, si es necesario, con una profunda intimidad con Dios. Tienes que disciplinarte para eso. Es esencial para la vida. No descuides tu alma.

Amigos, como terminaban sus sermones los antiguos predicadores así termino este post: "lo cual deseo para ustedes del mismo modo que lo deseo para mí". Dios os bendiga

miércoles, 22 de octubre de 2014

PRESENTE


El otro día charlando con una amiga me decía: "Si miro al futuro no veo nada, me pierdo". Y quién duda de que tener un proyecto, una visión de futuro es importantísimo. Pero la entiendo. Dice Santa Teresita: "Para ser santa sólo tengo el momento presente". Y en realidad el Señor sólo da el pan de su gracia "cada día": el amor necesario para vivir ese día. "No llevéis alforjas- dice el Señor- y comed de lo que os pongan". Qué libertad da el vivir así. Qué alegría tan sencilla y tan sólida. Hoy el Señor me sostendrá. Hoy me voy a entregar. Y estoy convencido de que al final del día le daré gracias por su Fidelidad. "Es bueno dar gracias al Señor y tañer para tu Nombre, oh Altísimo: proclamar por la mañana su Misericordia y de noche su Fidelidad" (Salmo 91). El enemigo nos confunde con el futuro llenándonos de miedos e inseguridades. Y en una cosa tiene razón: Dios no nos asegura el camino. Pero no es verdad -y por eso es el príncipe de la mentira- que eso nos deba hacer temer, porque el Señor sí que te asegura que sea como sea el camino El va a estar contigo. El presente se llama así porque tiene nombre de regalo. Escuché en Roma a Mons. Novell decir que el problema de muchos de nosotros es que no vivimos el hoy. "Sólo por hoy..." Así comienza una oración que el papa bueno, san Juan XXIII hacía -lógicamente- cada día. Te la regalo. Pide esta sabiduría también para mí. 

1.    Sólo por hoy tratare de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi existencia todo de una vez.
2.       Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto, no criticaré a nadie y no pretender mejorar o corregir a nadie sino a mí mismo.
3.            Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.
4.   Solo por hoy me adaptare a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten a mis deseos.
5.      Sólo por hoy dedicaré 10 minutos de mi tiempo a una buena lectura, recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
6.       Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7.      Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer, y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.
8.            Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactare.  Y me guardaré a dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9.   Sólo por hoy creeré firmemente, aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena providencia de Dios se ocupa de mi como si nadie más existiera en el mundo.

10.    Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

sábado, 19 de julio de 2014

Jesús, el maestro de lo pequeño

Aprendiendo el arte de lo pequeño

Hay un estudio reciente q afirma el 78% de nuestros hábitos los hemos adquirido por imitación en los primeros cinco años de vida, principalmente de las madres.

Cuantas veces Jesús vería a su Madre hacer el pan amasando pacientemente (porque en aquellos tiempos en Palestina no había panaderías sino como mucho en cada pueblo medianamente grande, como Nazaret, un horno común, de modo q cada mujer amasaba el pan en casa y luego todas lo llevaban a hornear al horno común) Pues ahí vemos a la Virgen en su casa luchando con la masa de harina, una vuelta y otra vuelta y otra, con alegría porque era el pan para su hijo, para su esposo y tb para alguna familia vecina en apuros... Qué alegría tenia la Virgen haciendo lo que sabía que le agradaba tanto a Dios: amar en lo pequeño.

 Y Cuanto afecto se ve q tenía Jesús a los trabajadores del campo, las amas de casa y tantos otros hombres y mujeres sencillos q dan la vida por los demás en lo escondido de sus trabajos. Este afecto supura en estas parábolas que hoy escuchamos.

Y es q así es tb Dios, trabaja en lo pequeño, pacientemente, a veces le recriminamos por que no actúa más directamente contra el mal, pero prefiere actuar con paciencia, desde dentro de los corazones antes q destruirnos a todos, pues ninguno somos inocentes del todo.


La paciencia de Dios vs nuestra impaciencia

Su paciencia con el hombre tiene q ver con su poder, su misericordia no es signo de debilidad sino de majestad, y así enseña al justo a ser humano.

Muchas veces decimos q hay q ser justos y sinceros y con esa razón somos duros, exigentes e impacientes.

Perdonar es un acto de fe, de fe en el hombre q tienes delante, es la fe q Dios tiene en ntros como el hombre de campo q sabiamente siembra la pequeña semilla y no separa cizaña de trigo hasta la siega, es la sabiduría de la paciencia y la misericordia. Por ejemplo en ntra familia hay una persona q siembra cizaña, que hacemos con ella? Nos dedicamos a ir desmintiendo una a una sus mentiras? Nos enzarzamos en discusiones? La tiramos por la ventana? (Esta última acción que podríamos llamar balconing no está contemplada eh?). Jesús te invita a imitar a Dios. Siembra y sigue sembrando bien en tu familia, siembras buena semilla cuando hablas bien y sólo bien de esa persona ¡pero eso es de tontos! O de sabios... Los frutos te lo dirán. Dime una sola familia q haya salido bien parada por hacer lo primero, yo te puedo decir de varias (no digo muchas porque por desgracia hay poca gente q se fíe realmente de Dios y crean a Jesús y su Iglesia) pero yo he visto familias donde el trigo ha crecido fuerte fuerte aunque estuviese ahí pegada como una lapa la señora cizaña, ... Y ese trigo ha dado de comer a varias generaciones q han vivido muy felices.


Sembremos lo pequeño de cada día q crecerá como la semilla o fermentara la masa como la levadura.

No tengamos miedo si encontramos esa dureza e impaciencia en nosotros pues el Espíritu Santo y Jesús interceden por nosotros para q sepamos pedir lo q nos conviene: esta sabiduría q hace feliz, q da paz.

Sembremos sin desanimarnos y cosecharemos para la vida eterna.

martes, 1 de julio de 2014

¿Quién es éste?

Esta es la pregunta que atraviesa los cuatro evangelios, llenos todavía de asombro cuando Mateo o Juan -ya ancianos-  le entregan sus recuerdos a los redactores de sus evangelios. Mateo era uno de aquellos que habían escuchado a Jesús predicar en Cafarnaum, pueblo marítimo que tenía su propia aduana romana de la que seguramente era responsable. Aquel rabí o maestro de la Ley de Dios no era como los demás maestros. Tenía en común con los otros la costumbre de hacer vida con sus discípulos los cuales aprendían al entrar en la escuela de un rabino no tanto de su enseñanza escolar como de su vida. Pero este maestro es distinto. Lo notaban todos. En su enseñanza no cita a otros maestros como solían hacer sino que interpreta la Ley de Dios, la torah, por sí mismo con una autoridad escandalosa para muchos. De hecho Mateo reserva los capítulos centrales de su Evangelio al gran discurso o enseñanza de Jesús en el monte en claro paralelismo con Moisés que recibió las tablas de la Ley de Dios en el monte. Pero ahora Jesus no recibe la Ley sino que la da, poniéndose a Sí mismo como criterio: "Oísteis que se os dijo...pero Yo os digo". ¿Y quién es éste para enseñar con esa autoridad, la autoridad de Dios? Esta es la cuestión, la de la autoridad de parte de Dios, la gran cuestión para acoger su enseñanza o desdeñarla como divagaciones de un loco o peor aún, de un falso profeta. El centurión encargado de la cohorte de Cafarnaun debía ser una autoridad militar importante pues no había muchas centurias en Galilea. Inmediatamente después de bajar del monte y curar milagrosamente a un leproso Jesús se encuentra con él que le suplica que cure a su siervo. Pero curiosamente cuando Jesus va a entrar en su casa, algo prohibido para un judío que quedaría impuro, el centurión reconoce justamente la autoridad de Jesús comparándola con la suya militar. Un pagano comprende mejor que el judío. Este escándalo repiquetea en la mente de los judíos conversos que leen a Mateo. Pero ¿qué hacer sino aceptar la ruptura de los esquemas ante la irreducible e imponente persona de Jesús? Cuando en el culmen del asombro le vean increpar al viento y al mar y comprobar que la creación también le obedece un escalofrío y un santo temor de Dios les invadirá, porque como bien sabe el judío por los salmos que aprendían de memoria desde niños, el estruendo de la tempestad sólo era superado y dominado por la voz de Dios. Sin embargo Jesus como un niño inocente dormía, reventado del cansancio apostólico de aquellos días , y cuando es despertado se sorprende de su falta de confianza en Dios, esa que a El le hacia dormir plácidamente en medio de la tempestad, el mismo asombro que siente ante la fe del centurión. Esta es la aparente contradicción que trae de cabeza a aquellos hombres: es débil y pequeño y al mismo tiempo imponente y lleno de autoridad ¿Quién es este hombre que ha dividido la historia en dos y hasta hoy suscita el seguimiento de millones de hombres que afirman experimentar su amistad? ¿No será Aquel que los hijos de Adán, el desterrado, llevamos milenios esperando, el verdadero primogénito de la humanidad, el auténtico Hijo de Dios a imagen del cual hemos sido diseñados? Mateo no pudo sino contar lo que vieron sus ojos aunque esto desbordase todos sus esquemas. Y su pregunta sigue atravesando la historia hasta impactar a cada hombre y mujer. Ante El sólo cabe ensanchar la razón o encerrarla en lo controlable. Lo que es imposible es permanecer indiferente. También hoy.

¿Quién es éste? La respuesta se da sólo haciendo un camino que a ninguno se nos ahorra recorrer y al que todos estamos invitados.

lunes, 2 de junio de 2014

FORTALEZA


Querido amigo. “En el mundo tendréis luchas, pero no tengáis miedo Yo he vencido al mundo”. Al salir de la infancia mental nos colocan en la batalla. Nos quejamos, intentamos desertar, maldecimos nuestra suerte pero finalmente nos damos cuenta de que es lo que siempre habíamos deseado. No perder la vida en el sofá. No pasar la vida sin haber hecho un bien que deje fruto. No haber vivido para nada. El partido se juega en un campo de batalla. Es verdad, no todo es lucha. También –gracias a Dios- hay tiempos de disfrutar, de gozo, de paz. Y son importantes estos momentos porque nos hablan de lo que viviremos eternamente, de quienes somos realmente y del sentido de nuestra vida, como el soldado mira la foto de su hogar para tomar ánimos en medio de la brecha. Hay muchos pasajes en la Sagrada Escritura donde Dios pregunta si hay alguien dispuesto a ir a luchar. No te voy a decir que le responden los valientes. No, más bien, lo hacen los cobardes, porque todos lo somos. Pero sí aquellos que han comprendido que en esto consiste lo mejor de esta vida y que mirando al Capitán de este ejército cerramos los ojos –o mejor dicho los abrimos hasta ver más allá de la apariencia- y nos lanzamos a la batalla. Es tan importante nuestra misión que no nos es lícito desertar. No te asustes por la dificultad, exterior o interior. El que te eligió ya la conocía cuanto te llamó. El confirma hoy su llamada: “Ve, te necesito, te envío,…” Con El tu vida dará un fruto que no te puedes ni imaginar. "No temáis, Yo estaré con vosotros hasta el final". Confía y trabaja.

martes, 20 de mayo de 2014

PAZ

Querido amigo, la paz del mundo, la paz mundana, es una paz que se te promete como fruto de la ausencia de problemas, de una vida vivida a tu aire, sin complicaciones -en el fondo sin personas que te compliquen la vida-  y por ello poco a poco te va aislando y termina dejándote solo en tu mediocridad. Curiosamente el jaleo de los hijos, los sobrinos o simplemente aquellos que Dios te ha encomendado para que camines con ellos, es la condición para que tengas verdaderamente paz. Porque La Paz verdadera surge al salir de ti mismo y consiste en sentir que tu vida tiene sentido. Aislados estamos tranquilos porque hacemos lo que nos viene en gana pero qué tristeza esas tardes de tu adolescencia perdidas en la pereza y la inutilidad ¿te acuerdas? La Paz surge cuando tranquilamente hacemos lo que Dios quiere para nosotros, sin ansiedades ni pretensiones, con la libertad de los hijos de Dios, ciertos de ser amados y sin necesidad de comprar el afecto de nadie, sin la necesidad de dar la talla porque nos sabemos infinitamente valiosos. Esta mansedumbre y humildad es la que Jesús nos invita a imitar de El para alcanzar descanso y paz cuando los agobios y las tensiones de la vida nos agotan. Es la que El mismo vivía siempre en los brazos del Padre.

Amigo, no te dejes engañar, no hay paz externa definitiva en esta vida, sólo la interior puede darte lo que anhelas pues lo que nos hace la guerra son nuestro egoísmo y nuestras miserias. La vida de la gracia -la unción y el bálsamo del Espíritu de Jesus- que se renueva en el sacramento de la reconciliación y la eucaristía es la única capaz de sosegar nuestra vida. Acude allí y a los brazos de María, tu Madre, y déjate ayudar por los hermanos de tu comunidad,  allí encontrarás tu hogar y podrás decir "qué delicia y qué descanso vivir los hermanos unidos, es como la esencia de un perfume que derramado en la cabeza va llenando de fragancia el cuerpo entero", hasta la última esquina de vida. Pero recuerda que esta paz hay que conquistarla con mucha lucha. Recuerda al Resucitado... "¡Animo! en la vida tendréis luchas pero no tengáis miedo yo he vencido al mundo".